La genética, no la dieta, es la causa más probable de la gota.

La genética, no la dieta, es la causa probable de la gota

Un nuevo estudio desafía la percepción de que la gota es el resultado de la glotonería y el exceso en la comida y la bebida.
La genética, no la dieta, es la causa probable de la gotaShutterstock (2)
Por Beth Levine
Actualizado el 12 de octubre de 2018

Para muchos, el término "gota" evoca inmediatamente una imagen de exceso histórico—una "enfermedad de reyes" vinculada a la indulgencia lujosa y estilos de vida sedentarios. Sin embargo, este estereotipo perdurable conlleva un estigma significativo y a menudo perjudicial, pintando la gota como una condición autoinfligida. Tales conceptos erróneos pueden llevar a las personas a evitar buscar ayuda médica crucial, ya que pueden sentirse avergonzadas o creer que sus síntomas no se alinean con esta percepción estrecha y anticuada. Desafiar estas nociones preconcebidas es vital para fomentar un compromiso proactivo con la atención médica y asegurar que las personas afectadas reciban el diagnóstico apropiado y el tratamiento integral necesario para el manejo efectivo de esta condición debilitante.

La investigación científica reciente está desmantelando activamente estas suposiciones arraigadas sobre los orígenes de la gota. Por ejemplo, una investigación publicada en agosto de 2015 en Clinical Rheumatology reveló una inclinación común entre los pacientes a tratar los síntomas de la gota a medida que surgen, en lugar de adoptar un enfoque preventivo consistente. Esta estrategia reactiva, lamentablemente, conlleva graves consecuencias. La gota no tratada conduce a ataques más frecuentes y prolongados, y puede causar daño articular irreversible. Además, aumenta significativamente el riesgo de desarrollar comorbilidades graves como enfermedad renal o cálculos renales, lo que subraya la necesidad crítica de un manejo proactivo y a largo plazo.

Un nuevo estudio fundamental, publicado en el BMJ el 10 de octubre de 2018, presenta evidencia convincente de que la predisposición genética juega un papel mucho más significativo en el desarrollo de la gota que los hábitos alimentarios. Este hallazgo innovador cambia el enfoque de explicaciones puramente centradas en el estilo de vida a un reconocimiento de los factores genéticos subyacentes. Como afirma Edward Roddy, MD, coautor del estudio de Clinical Rheumatology y reumatólogo consultor honorario en la Universidad de Keele, "El estudio de Nueva Zelanda es un paso importante para intentar corregir estas ideas erróneas sociales de que la gota es causada por los hábitos alimentarios." Él asegura que los niveles altos de urato, la causa directa de la gota, están influenciados principalmente por los genes, contrarrestando la idea errónea de la autoinfligencia.

Para proporcionar un contexto esencial, la gota es una forma dolorosa de artritis inflamatoria. Se caracteriza por articulaciones calientes, hinchadas y rígidas, resultantes de la acumulación de ácido úrico en el cuerpo, que luego forma cristales de urato afilados, en forma de aguja. Aunque se asocia famosamente con el dedo gordo del pie, la gota puede afectar una amplia gama de articulaciones, incluyendo los tobillos, talones, rodillas, muñecas, dedos y codos. Según MedlinePlus, esta condición es notablemente más prevalente entre los hombres, particularmente aquellos mayores de 40 años, aunque puede manifestarse en cualquier individuo, independientemente de su género o edad.

Históricamente, la percepción de que la dieta es la causa principal de la gota ha supuesto un obstáculo significativo para buscar el tratamiento de la gota adecuado. Muchas personas, influenciadas por el estigma, retrasan o evitan la consulta médica debido a la vergüenza o a la creencia de que no encajan en el perfil estereotipado. Tony R. Merriman, PhD, profesor de bioquímica en la Universidad de Otago y autor clave del estudio, aclara este malentendido. Reconoce que la dieta puede desencadenar ataques de gota en aquellos que ya tienen cristales de urato, pero enfatiza que "Debido a que los alimentos individuales se asocian con pequeños cambios en los niveles de urato, esto ha llevado a la creencia incorrecta de que los niveles de urato se pueden manejar con la dieta." Esta distinción es crucial para una educación y atención efectiva del paciente.

El estudio de Nueva Zelanda proporcionó evidencia convincente de que la genética juega un papel sustancialmente mayor en el desarrollo de la gota que los factores dietéticos. Investigadores de la Universidad de Otago compararon meticulosamente la información dietética de una cohorte grande y diversa de 8.414 hombres y 8.346 mujeres. Todos los participantes tenían más de 18 años, eran de ascendencia europea y procedían de cinco estudios de cohorte establecidos en EE. UU. Crucialmente, ninguno tenía un diagnóstico de gota ni tomaba medicamentos para reducir el urato o diuréticos. Esta metodología rigurosa permitió a los investigadores analizar con precisión los perfiles genéticos junto con los niveles de urato, proporcionando una imagen clara de la influencia de cada factor en una población sana y no medicada, fortaleciendo así la validez de sus conclusiones con respecto a la predisposición genética.

Los hallazgos del estudio sobre el impacto directo de la dieta en los niveles de urato fueron particularmente esclarecedores, revelando su influencia mínima en comparación con los factores genéticos. El equipo de investigación identificó ciertos alimentos asociados con aumentos muy leves en los niveles de urato: cerveza, licores, vino, patatas, aves, refrescos y diversas carnes. Por el contrario, alimentos como huevos, cacahuetes, cereales fríos, leche desnatada, queso, pan integral, margarina y frutas no cítricas mostraron una correlación marginal con la reducción de los niveles de urato. Sin embargo, estos cambios fueron extremadamente pequeños, representando menos de una variación del 1 por ciento. Esto indica que si bien la dieta puede tener alguna influencia, su efecto directo sobre los niveles sistémicos de urato es insignificante.

El marcado contraste en la influencia entre la dieta y la genética en los niveles de urato fue una revelación central del estudio. El Dr. Merriman explicó esta disparidad, señalando: "Cuando comparamos las puntuaciones dietéticas con la genética general de las personas, el efecto fue muy diferente." Subrayó que la dieta por sí sola resultó ser un medio ineficaz para mantener bajos los niveles de urato. En la población general, el historial genético representó una sustancial casi el 24 por ciento de las variaciones observadas en los niveles de urato. Esto contrasta drásticamente con la dieta, que contribuyó con una mera fracción de esta variación. El Dr. Merriman concluyó que "La genética explicó en la población general una varianza casi 100 veces mayor en los niveles de urato que la dieta," consolidando el papel predominante de la predisposición genética.

El manejo efectivo de la gota necesita un enfoque integral, abordando tanto la prevención a largo plazo de la progresión de la enfermedad como el alivio inmediato de los ataques agudos. La piedra angular de la prevención implica mantener niveles de urato consistentemente bajos para evitar la formación de cristales y el daño articular. Su proveedor de atención médica determinará la estrategia más apropiada para sus necesidades individuales, a menudo prescribiendo medicamentos reductores del urato como Allopurinol, Febuxostat, Lesinurad, Pegloticase o Probenecid. Como afirma Tanya Major, PhD, coautora del estudio, "Se ha demostrado que tomar medicamentos reductores del urato es muy efectivo porque esto trata la causa subyacente de la gota en lugar de centrarse en prevenir un síntoma."

Además de las medidas preventivas, las estrategias eficaces para controlar un ataque agudo de gota son cruciales para la comodidad del paciente y la minimización de la inflamación articular. Durante un brote, los medicamentos como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los corticosteroides se usan comúnmente para reducir rápidamente el dolor y la hinchazón. El cuidado domiciliario de apoyo también desempeña un papel vital: aplicar hielo y elevar la articulación afectada puede proporcionar un alivio sustancial. También es imperativo mantenerse bien hidratado, específicamente con agua, mientras se evitan asiduamente el alcohol y las bebidas azucaradas, que pueden exacerbar los síntomas. Descansar la articulación inflamada es esencial. Si el brote no remite rápidamente, o si los síntomas empeoran, es fundamental consultar a su médico para obtener más orientación.

Es crucial enfatizar que estos hallazgos no constituyen una licencia para comer sin restricciones. Si bien la influencia de la dieta sobre la causa subyacente de la gota (niveles altos de urato) es mínima, mantener una dieta sana y equilibrada sigue siendo fundamental para la salud y el bienestar general. Una dieta nutritiva favorece el control del peso, reduce la inflamación y repercute positivamente en diversos sistemas corporales. Dicha prudencia dietética puede beneficiar indirectamente el manejo de la gota y reducir el riesgo de otros problemas de salud, incluidos los relacionados con la salud cardiovascular. Por ejemplo, RELACIONADO: La apnea del sueño aumenta el riesgo de gota, sugiere un estudio destaca la interconexión de la salud sistémica y el riesgo de gota, lo que refuerza el valor de las prácticas de salud holísticas.

A pesar del componente genético primario de la gota, el vínculo anecdótico entre alimentos específicos y los brotes agudos de gota se ha observado durante siglos. Los pacientes con frecuencia informan que los ataques ocurren después del consumo de alimentos particulares. Sin embargo, esta relación a menudo es inconsistente y altamente individualizada; lo que desencadena un brote en una persona puede no afectar a otra, e incluso para el mismo individuo, los desencadenantes pueden variar. Como señaló la Dra. Major, "Realmente no sabemos cómo se relacionan estos alimentos con los brotes." Esto indica que, si bien ciertos alimentos podrían actuar como desencadenantes para aquellos ya predispuestos a la gota, los mecanismos precisos aún no se comprenden completamente, lo que representa un área madura para una mayor exploración científica.

Artículo original: https://www.everydayhealth.com/gout/genetics-not-diet-likely-cause-gout/